El flamenco, historia, palos y protagonistas
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Las soleares (II)

La soleá es un cante de gran belleza y, aunque da la sensación de que su ejecución es fácil, los verdaderos aficionados saben apreciar las dificultades que entraña sacar adelante dignamente una soleá. Con justicia se ha calificado a este palo como columna vertebral del cante jondo. La temática de sus letras es muy amplia y expresa las vivencias de la persona que las canta y todo lo que acontece en su entorno: amor, penas, alegrías, desesperación, celos... He aquí algunos ejemplos:

El querer que me mostrabas
era polvito y arena
que el aire se los llevaba

No me diga usted bonita
que mi marido es celoso:
la sangre me tiene frita

Vera Cruz no es Veracruz
ni Santo Domingo es santo
ni Puerto Rico es tan rico
"pa" que lo veneren tanto.

Tengo el gusto tan colmao
cuando te tengo a mi vera
que si me dieran la muerte
creo que no la sintiera.

¿De donde proviene el nombre de soleá que distingue a este palo? Algunos autores y especialistas al abordar la etimología de esta palabra recurren generalmente a la autoridad de Karl Vossler, que en su "Poesía de la soledad en España" atribuye a este sentimiento el nombre de este cante (canto de soledad).Según esta teoría, la palabra andaluza soleá, solear, soleares, deriva de la castellana soledad, que, a su vez, procede de los vocablos soidade, soedade, suidade, de la lengua lírica gallego-portuguesa. No obstante, el escritor y flamencólogo Manuel Ríos Ruiz cree que la palabra "soleá" no proviene de soledad, y ello por dos motivos: primero porque estima este autor que la soleá es un cante de diálogo, y segundo porque este cante nació como copla improvisada por los campesinos andaluces, ya que se cantaba por ellos en los momentos de realizar las faenas agrícolas: escardado del trigo, recogida de la aceituna, … y llega a afirmar a este respecto: "...no olvidemos que la recogida de la aceituna se llama soleo, y que solear —de sol— significa asolear, tender una cosa a secar. En el mismo sentido, Andrés Salom relaciona este nombre con una tonada que se cantaba con motivo de solear aceitunas (tonada del soleo).

Ya hemos dicho que el cante por soleá siempre se anuncia en plural (soleares), porque verdaderamente existe esa pluralidad de estilos por soleá, tanto desde el punto de vista geográfico, como desde el punto de vista personal, y así lo mismo podemos decir soleares de Alcalá como soleares de Joaquín el de la Paula. Existen estilos comarcales y estilos personales en número muy amplio y en este punto los especialistas del flamenco no se ponen de acuerdo sobre el número de las que perviven, pero aproximadamente superan la cifra de cuarenta los estilos de este palo que se han podido conservar.

Desde el punto de vista geográfico, según el criterio más extendido, existen seis repertorios de soleares: las de Triana, Utrera, Alcalá, Lebrija, Cádiz y Jerez. Como vemos, las provincias de Sevilla y Cádiz monopolizan este palo, considerándose la primera de ellas la cuna de la soleá. De Triana irradió este cante hacia Utrera y Lebrija, enriqueciéndose con el nacimiento de nuevos repertorios, que se manifestaron principalmente en Alcá y Marchena.

Un prestigioso experto en el tema, como lo es el escritor Caballero Bonald, nos dice refiriéndose a la ubicación geográfica que se ha asignado tradicionalmente a este cante: "En cada uno de estos lugares surgió una variante especial, primitivamente referida a algún indeciso creador o a un modo local —y aún familiar— de entender la expresión flamenca. No deben establecerse sin embargo, lindes divisionarias rotundas en este sentido. La vecindad, la creciente divulgación del cante y las relaciones entre los cantaores promovieron a la vez una lógica interdependencia de estilos y actitudes. Las soleares propias de Triana, Alcalá o Jerez influyeron en las de Utrera, Cádiz o Lebrija, dando origen a un aluvión de formas que ya no dependian del todo de su presunto lugar de nacimiento, sino del cantaor que las reelaboró según sus propias inclinaciones".

21/07/2002

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